Sonata de vagón


El pitido avisa del cierre de puertas. Se reduce la intensidad del pitido y de algún modo cambia a una nota grave, que surge de otro rincón del vagón a medida que empieza en movimiento. La nota grave se agudiza, cambia de tono ligeramente. Cuando parece que va a haber un cambio para empezar una melodía, se para.
Pero el sonido vuelve. No es un pitido ni un chirrido mecánico, suena como una cuerda frotada, casi como un violoncello.
Agudo en aceleración, grave en frenada, intensidad asociada al movimiento. Un improvisado instrumento con el que el maquinista parece jugar en una secuencia, en apariencia aleatoria, generando una melodía sencilla, repetitiva y un poco irreal que encaja perfectamente con el ambiente del vagón.

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