No llegaba a 20 grados la mañana, una ligera brisa soplaba desde el sur aumentando aún más la sensación de frescor. Los viajeros habian ido subiendo diligentemente desde el control al andén, la mayoría de ellos con la medida parsimonia que da la costumbre de haber hecho lo mismo, la misma ruta, los mismos saludos, las mismas miradas, día tras día.
La megafonía anuncia la llegada del tren, aunque es de poco valor, pues es un mensaje pregrabado que se repite a la misma hora
Miradas inquietas, el tren no llega. El sonido de la escalera mecánica se para, aumentando esa sensación de abandono, haciendo más evidente el silencio de la noche y la soledad del viaje.
Luces rojas en el horizonte, ningún ruido, ni una señal. Qué hacer.Incluso los despistados más dormidos empiezan a despertar. No es como si uno pudiera coger otro tren o irse andando. Más miradas al reloj y el tren sigue sin llegar.
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