El inicio de la primavera parece generalmente ligado al equinoccio de primavera. No es el caso en las islas, al menos en Irlanda. No está realmente claro que la primavera llegue nunca a la isla, o si acaso lo hace es de forma poco continua, impredecible y con la misma lluvia que en invierno, quizá menos fría. Sólo las tardes más largas, ese grand stretch in the evenings, ayudan a estacionalizar in día de lluvia y nubes, qué bien podría ser de enero o septiembre. La fecha tradicional del comienzo de la primavera en Irlanda es el 1 de febrero y se asocia a St Brigitte (santa Brígida) o 'Imbolc', en irlandés. 'Imbolc" es una fetividad de origen celta, que celebra el renacer de la naturaleza con la llegada de los días más cálidos y largos, y que obviamente, como en otros casos, fue absorbida por el cristianismo. Aunque comparada con otros santos irlandeses las celebraciones de Brígida sean menos conocidas, la tradición de hacer las cruces se mantiene. Supongo que en la "Irlanda verdadera", es decir, todo lo que no es Dublín, la celebración está más arraigada. La broma de siempre, en el gélido febrero, es decir que ya es primavera y que podemos dejar el abrigo en casa.
A pesar del mal tiempo y la numerosas tormentas que nos han acosado estos meses hemos mantenido, un compañero de trabajo y yo, la costumbre de salir a dar un paseo a la hora de comer. Estirar las piernas, la vista y despejar un poco la mente del ambiente de la oficina. Ringsend Park es la ruta habitual, parque cercano a la oficina, pero separado del tráfico y ruido de los alrededores de Grand Canal Dock. Para St Brigitte el tiempo fue un poco mejor, si bien momentáneamente, y los primeros tallos de los narcisos empezaban a asomar y las ardillas se afanaban en recoger y enterrar las bellotas de los robles.
Sin embargo la llegada de las tormentas con nombre, que con una frecuencia semanal y renovada furia nos visitaban, cambió la perspectiva de que la primavera había llegado. Tormentas "con nombre", porque en el momento que el Atlántico genera una depresión atmosférica suficientemente grande y esta se lanza hacia las islas, como si no hubiese más sitio en el océano a donde ir, los servicios meteorológicos de Irlanda y Reino Unido le asignan un nombre acordado previamente - hasta la fechas Atiyah, Brenda, Ciara, Dennis, y un tal Jorge que nos mandó la Aemet, nos han visitado. Por ello llevábamos un tiempo sin ver a las ardillas. "Hace mucho frío, seguro que están a cubierto esperando mejor tiempo" solíamos decir. No obstante, tras estas semanas, en esta mañana de sol, casi sin viento y tiempo ligeramente más cálido hemos vuelto a ver a nuestras queridas ardillas. Lo tomé como un buen augurio. Aunque pensando un poco más también podría significar que viene otra época de frío y ellas, las ardillas, saben que no pueden parar de recolectar y esconder comida.
Cruzando el puente de Ringsend vi una bandada de patos volando bajo, en formación triangular y graznando con fuerza. Como si fuese un augur romano, me paré un instante en el puente y consideré a las escandalosas aves como prueba divina definitiva de que la primavera había llegado a nuestra isla.
Cruzando el puente de Ringsend vi una bandada de patos volando bajo, en formación triangular y graznando con fuerza. Como si fuese un augur romano, me paré un instante en el puente y consideré a las escandalosas aves como prueba divina definitiva de que la primavera había llegado a nuestra isla.
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