Novela romántica artificial



Por algún motivo me gustan los montones de libros apilados. Rebuscar en ellos, escarbar por debajo de la superficie de best sellers y, si hay suerte, encontrar alguno interesante, ya sea en autor, título, portada o editorial. 

Estas pilas de libros, como la de la foto, no son especialmente útiles para encontrar nada; su propósito es meramente como almacenamiento, el hecho que puedas coger los libros es algo secundario. Porque, aunque te zambullas como un topo entre los libros que vas removiendo llega un momento que la estabilidad del invento se compromete. Y no es cuestión de jugar al Jenga con los libros (al menos con los libros de otros) y acabar con todos por el suelo, y aun así siempre queda esa sensación de " seguro que debajo de esta novela romántica hay uno que merezca la pena, de ciencia ficción, o de Banville, o de Modiano. 

En el caso de la foto se trata de libros de oferta que suelen ser novelas románticas, con enamorados con gesto apasionado en portada y playas al atardecer o paisajes nocturnos en la contraportada, por lo que en general no suele haber mucha suerte. A parte de la gama de colores, pasteles y rosas, algún tono más oscuro en los de temática de drama y venganza, estos libros se caracterizan por unas tipografías horripilantes. En cursiva, de estilo caligráfico, con exceso de volutas y líneas entrecruzándose.
Los nombres de los personajes son delirantes muchas veces, como de telenovela prácticamente. Y por supuesto las tramas que se pueden leer en la contraportada: inolvidables.

Dejando la ironía y respetando lo justo los gustos de todos, el hecho cierto es que estos libros son escritos por alguien y leídos por gente. Parece una frase Rajoy (debería mirar de hecho si no la dijo ya él en alguna feria del libro), pero me parece necesario remarcarlo. Porque, ¿quién escribe esos libros? Entiendo que de algo hay que vivir y si hay que escribir una columna en este periódico o un libro de lo que no está mal si pagan bien. O puede ser que en realidad sea parte de una broma, en la que escritores de prestigio se camuflan bajo sobrenombres ridículos para escribir historias más ridículas todavía.
O lo mismo son autores apasionados del género, como aquel CEO en la serie Silicon Valley, que tras ciertos problemas con su empresa revela que no quiere volver al mundo de los negocios y que quiere seguir su pasión: escribir novelas románticas de temática pirata, su primera novela titulada "Cold Ice Cream & Hot kisses" (Helado frío y besos calientes). Y la otra gran pregunta, ¿quién los compra? Tengo la sensación de que son libros de playa o lugares similares, para aparentar que lees algo y que te da igual si se moja, se pierde o acaba como combustible para la barbacoa. Me temo que quedan muchas dudas sin resolver

Desde la más pura ignorancia sobre estas novelas, voy a afirmar que tienen tramas muy predecibles. Tan poco complejas y repetitivas que hasta tal punto se podrían esquematizar en casos tipo, con ambientes, tramas y personajes determinados y que se repiten. Cada elemento de la novela se podría mezclar con otros, ordenar y dar como resultado una novela tipo romance tórrido en la playa con final triste, o pareja infelizmente casada porque el marido bebe y se va con la hija de los vecinos, o cosas por el estilo. De la misma forma que en aquellos libros que tenías que tomar decisiones y te llevaban a una página u otra, produciendo una historia diferente cada vez, las novelas románticas se podrían construir partiendo de esos casos tipo hasta un número de combinaciones, algunas plausibles, otras cómicas, otras demenciales.  Así pues, al ser tan fácil de dividir en casos y mezclar, hasta un ordenador entrenado sería capaz de escribir decenas de este tipo de novelas en un santiamén.

O lo mismo ya es así. Ya sucedió en Japón en 2016, cuando una novela escrita por una inteligencia artificial pasó la primera criba de un concurso literario.  La novela se titulaba, con cierta sorna, "The Day A Computer Writes A Novel" (El día que un ordenador escribe una novela). El concurso literario es el Hoshi Shinichi y en principio no había impedimentos para escritores no humanos pudieran presentarse. En este caso la inteligencia artificial, desarrollada por una universidad de aquellos lares, contó con cierta ayuda para elegir frases y palabras. Del mismo modo se la podría entrenar para fines más lucrativos y escribir otro tipo de textos, y por qué no, que no nos de vergüenza: novela romántica.

Sería tan gracioso, y tan humano, al fin y al cabo, que acabásemos usado toda la potencia computacional, todos esos precisos modelos de aprendizaje automático, redes neuronales y demás ingenios de la inteligencia artificial para acabar escribiendo una puta mierda novelas románticas, sobre un Nathaniel despechado y una Valerie insegura de su matrimonio. En cualquier caso, así es el capitalismo, si eso da dinero no preguntes y sigue haciéndolo. "¡Es el mercado amigo!", como dijo aquel saqueador metido a banquero.

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