Carteles electorales II

Ya llegó el gran día, la fiesta de la democracia como dicen en algunos medios. Sábado 8 de febrero día de las elecciones generales en Irlanda. Para algunos algo que hacer antes de ir a ver el partido de las 6 naciones. Para los más devotos un día especial. Para nosotros un día especial por otros motivos, no relacionados con eventos deportivos ni política de ningún tipo.


No ha habido más cuelgue de carteles, afortunadamente. Aunque en el tiempo que llevan puestos algunos ya han sufrido el mal tiempo y algunas correcciones por parte de ciudadanos preocupados por clarificar el mensaje de los carteles. En la foto alguien ha aclarado que el partido de derechas Fianna Fáil (ellos dirán que son de centro) no quiere una Irlanda para todos, si no solo para los más ricos, ese 1% forrado de pasta que maneja la agenda política y económica de los partidos, y en última instancia, gobiernos. Una aclaración de agradecer, aunque aislada, he echado de menos alguna más en líneas similares para el actual ministro de vivienda u otros incompetentes de similar calibre que vuelven a presentarse a las elecciones.
Pasando el viernes por pura casualidad por el barrio del actual presidente, Leo Varadkar, pude ver una cantidad obscena de carteles. De varias formas y tamaños, la mayoría de ellos promocionando a Leo. Era realmente estar en el feudo de Leo, su territorio. Parecía que había habido una escalada de carteles: los competidores del presidente habrían redoblado esfuerzos en esa zona y como reacción los partidarios habían reaccionado poniendo más carteles. Un espectáculo lamentable cuanto menos y visualmente agresivo y poco estético, con todas esas caras de desconocidos, gigantes, con sonrisas falsas, con tanto detalle que se les ven los ojos reptilianos, turbios, que muchos de ellos tienen.
Para añadir más sabor a toda una magnífica tormenta atlántica con vientos fuertes entraba esta mañana por la costa oeste. Los carteles han empezado a sufrir, algunos contorsionándose doloridos bajo el viento implacable; otros vencidos y doblados, tristes por haber fallado a sus amados líderes, mirando hacia abajo; otros, totalmente rotos, colgando peligrosamente, intentando escapar de sus ataduras y volar libres para estamparse contra alguien. Una experiencia inolvidable, ir a votar y ser golpeado por un cartel volador. Una especie de señal divina para ir (o no ir) a votar. Considerando la cantidad de carteles, su tamaño y la velocidad de los vientos pronosticados (ráfagas de hasta 120km/h), espero ver noticias en las próximas semanas de carteles de Leo y compañía llegando a las costas de Inglaterra y Francia – mientras floten en el mar nadie lo notaría ni se quejaría, salvo a lo mejor algunos pescadores que encontrasen más plástico que peces en sus redes. Con suerte en unos meses lo carteles llegarían hasta España y/o Noruega. Y lo mismo en poco mas de un año a Estados Unidos. Eso sí que sería una campaña electoral.
De todas formas, la gente se ha animado y parece que la participación ha sido alta. Leía esta mañana que, en algunos lugares remotos de la isla, donde solo hay un puesto de votación, por culpa del viento se han quedado sin electricidad y han tenido que trasladar las urnas y demás parafernalia electoral a un pub cercano. Entiendo que el único lugar hábil para congregar a gente y que no fuese una iglesia. Nada más acogedor, e irlandés por supuesto, que un pub para ir a votar. Papeleta y pinta de ale para celebrarlo.


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